martes, enero 29, 2008

1997 de Irún a Viella corriendo

Intentando realizar un sueño que arrastraba desde hace prácticamente cinco años, y que al principio me parecía prácticamente imposible conseguirlo. Se me pasó por la cabeza poder realizar una transpirenaica de mar a mar corriendo. Anteriormente la había realizado un par de veces en bicicleta, pasando por lugares encantadores. Mi esfuerzo me costaba, pues las etapas las realizaba porteando mi vehículo a altos collados hasta de 2.500 m. de altura. Esto, aunque disminuía mi marcha, al final siempre era beneficioso, pues conseguía hacer etapas de 70 Km. Al día aproximadamente, pudiendo disfrutar de muchas bajadas trialeando por los empinados y pintorescos puertos y caminos.
Años sucesivos fui haciendo transpirenaicas a caballo con grupos de amigos, de los cuales me sentía lago responsable, pues confiaban de mi experiencia en los Pirineos para poderlos guiar.
Esto me obligó a hacer largas excursiones a pie para buscar pasos seguros y con el mínimo peligro posible para los cuadrúpedos, arriesgando en muchos momentos nuestras monturas. Tras otras dos transpirenaicas más en bicicleta, otras tantas excursiones a pie y haciendo alta montaña por los grandes picos, conseguí tener en estos cinco años una información imprescindible para poder intentar recorrer el Pirineo corriendo. Sin mapas, prácticamente con cuatro kilos de peso en una riñonera adaptada para correr y con un entrenamiento durante todo el invierno que tampoco resulto excesivo, pues entrenaba uno o dos días a la semana, prolongándolo los últimos meses de julio y agosto, que era cuando quería realizar esta prueba corriendo como máximo en etapas de cuatro horas.
Con la mentalidad muy clara, confiado en mi experiencia, en mi entrenamiento y en mi poco equipo, que se componía de la mencionada riñonera, unas zapatillas de atletismo muy ventiladas, fuertes y poco pesadas, un par de buenos calcetines, un pequeño botiquín, un chubasquero, una muda para cambiarme después de cada jornada, camiseta y pantalón de treeking, unas mallas cortas, importantísimo para no tener rozaduras en la entrepierna y una camiseta de ciclista transpirable, junto con dos botellines pequeños de de agua que iba rellenando siempre que tenía oportunidad. Por último llevaba un teléfono móvil por si me ocurría algo, el cual sirvió de muy poca utilidad, pues por los profundos valles no tenía prácticamente cobertura (esto me preocupaba poco, pues el Pirineo se encuentra en estas fechas lleno de gente).
Mi idea era realizar este proyecto en 13 días corriendo de media más o menos 50 Km. Diarios, durmiendo en hostales o refugios de montaña, y comiendo a medio día intentando evitar el fuerte calor de agosto, cenar bastante para recuperar todo lo perdido durante la jornada y como complemento estaba claro que tenía que beber gran cantidad de agua para evitar la deshidratación. Esto lo conseguí prácticamente bebiendo en todos los manantiales, cogiendo agua en los dos botellines que llevaba y aprovechando las cortas paradas para beber.
El día 15 de agosto salí de Irún después de haber dormido en la estación de ferrocarril por falta de alojamiento, habiendo coincidido con la semana grande de San Sebastián. Llegando hasta Elizondo prácticamente siguiendo la GR-11, cogiendo algún gran atajo hice cuarenta kilómetros, corriendo más de 6 horas y media, me sorprendí, pues con las piernas un poco cansadas y realizando unos buenos estiramientos conseguí salir al día siguiente bastante recuperado.
El día 16 aprovechando la mañana y con el tiempo un poco complicado por la niebla, no por que se corriera incómodo, sino por ser una etapa orientativa para hacerla en estas condiciones, pues pasar el Quinto Real con niebla resulta difícil, pues son lomas y una desorientación te puede alejar de la ruta a mucha distancia. Pasando por bonitos lugares ya entrado el día, como son el puerto de Urquiaga, la cima de Iturrumburu y pasando al lado del pico de Adi, bajando por el valle de Sorogaín y llegando a comer al pueblo de Burguete. De aquí, recuperado todo lo posible en una hora y media, me pongo en la fábrica de armas de Orbaiceta, un lugar bastante bonito y pintoresco. Descansando en el refugio de Mendilatz. Esta etapa comprende una distancia de 45 Km., a ocho horas de carrera y un total de desnivel acumulado de 3.042 m.
La tercera etapa realizada el 17 de agosto comprende 58 Km. De los cuales 9 horas son el tiempo de marcha. Realizando un desnivel de 3.144 m., conforme vamos entrando más hacia el Pirineo Central, las alturas van creciendo y vamos conociendo un Pirineo diferente, de montañas más rocosas y más altas. Cambiando un poco más la vegetación, pasando a lugares tan espléndidos como es el bosque de Irati, el puerto de Larrau vigilado por el pico de Ory, cruzando por los altos collados como son el de Gagnekoa y Lepatía, descendiendo seguidamente al valle de Belagua, parando un poco en el camping de Asolaze a comer. De aquí al refugio de Linza solo me separan 11 Km. Pasando por el collado de Maze y llegando al final sobre las 17,00 horas del día, esta etapa ha sido muy calurosa, a última hora amenaza tormenta la cual evito. Me voy dando cuenta que corro mejor por los caminos que por las pistas, por lo menos son más entretenidos. Conforme pasa el tiempo me voy encontrando y adaptando mejor. Las molestias de las rodillas, que era lo que más temía son mínimas, pues ya van adaptándose también al trote contínuo, noto que voy perdiendo algún kilo que otro de los cual se lo comunico a los simpáticos dueños del refugio prometiéndome que no me iba a quedar con hambre. Dándome cuenta que lo mejor para recuperarse es una buena y en cantidad cena. Un buen punto de moral para seguir es la gente, que tras contarle lo que estoy intentando realizar se sienten muy interesados y me animan para seguir. Lo que está claro es que en tres días he conseguido ya cruzar el Pirineo Navarro y sigo adelante con ganas.
La mañana del 18 empiezo otra larga etapa, el día ha salido despejado y el cuerpo prácticamente recuperado, solamente tengo unos problemas de ampollas en los dedos de los pies y quiero esperar al final de la etapa para ver que tal me encuentro. En poco más de una hora paso por el collado de Petrechema y el collado de Acherito. Luego bajando al valle de la Selva de Oza pasando por Aguas Tuertas y el majestuoso Ibon de Estanés, pasando posteriormente por la chorrota para llegar sobre las 2 de la tarde a comer y a descansar un rato en Candanchú.
Durante la marcha pregunto a la gente que está regresando de sus excursiones el tiempo que hay andando a los sitios, dándome cuenta que de esta manera, corriendo, me cuesta sobre tres veces menos llegar a estos lugares.
Recuperado ya, y con idea de pasar por el valle de Astún cambio de parecer y decido pasar por el valle de la Canal Roya, pues aunque me cueste un poco más de tiempo lo prefiero, pues hacía por lo menos un par de años que no pasaba por ahí. Al llegar a su collado de 2.200 m. y habiendo realizado su empinada subida, empiezo a correr por un buen y marcado camino hacia la carretera del Portalet huyendo del chaparrón que me empezaba a caer encima y que a la vez me resultaba agradable acordándome del calor pasado durante el día llego hasta Sallent de Gállego por su cabañera.
He llegado muy descansado pero las ampollas me molestan mucho por lo que decido bajar a Sabiñánigo, mi pueblo y descansar un día y dar tiempo a curarme estas molestias en los pies. Este día he realizado 54 Km. Estando durante 9 horas y media corriendo y realizando un desnivel acumulado de 4.614 m.
El día 20, tras la jornada de descanso y prácticamente curadas las ampollas, vuelvo a empezar la marcha desde Sallent de Gállego a Panticosa, subiendo por la Ripera hasta el rincón del verde, ascendiendo por encima de la gran cascada que me lleva al collado de Ordiso, debajo del pico Tendeñera. Bajando el empinado desnivel que hay hasta el valle de de Otal y prestando gran atención a las rodillas y evitar posibles torceduras llego con mucho calor a San Nicolás de Bujaruelo, donde al medio día descanso durante una hora y media, pidiéndome un bocata de lomo con queso para recuperar fuerzas perdidas.
Empiezo el ascenso al collado de Bujaruelo, a mitad camino empieza a cerrarse el cielo con negros nubarrones, empezando a llover y a granizar sin tener ningún refugio cerca sigo corriendo acelerando el ritmo y tras pasar un poco de miedo de la tormenta por los rayos que caían muy cerca. También me preocupaba lo calado que iba, sabía que no podía dejar de correr, llegué al refugio de Sarradets, este refugio estaba a tope pues todo el mundo estaba allí refugiado y escasamente se cabía de pie. Esperando aquí durante media hora a que cesara la tormenta. Tuve que salir de Sarradets sin esperar que terminase la tormenta, hacia la Brecha de Rolando, pues me estaba quedando muy frío, decidiendo correr para entrar en calor. Bajando de la Brecha empieza a salir el sol y la gente a salir de sus escondites, los vivacs de la Brecha, la Gruta helada de Casteret, etc. Dirigiéndose al refugio de Góriz, quedándonos todos sorprendidos de toda la granizada que había caído en la falda de Monte Perdido, pues tras ciento cincuenta litros por metro cuadrado que registraron en Góriz, se había quedado todo el monte blanco, haciendo crecer de una manera muy exagerada lo que eran los pequeños barrancos que bajaban de esta zona. Teniéndolos que cruzar encordados y con mucho cuidado y atención. Este día he realizado 9 horas corriendo, unos 44 km. Y un desnivel total de 4.320 m.
A partir de aquí me noto que algo empieza a fallar, pues noto una molestia como si fuera un tirón muscular encima de la rodilla derecha, lo cual me empieza a preocupar, achacándolo al cambio de ritmo realizado durante la tormenta.
El día 21 empieza la jornada lloviendo y por temor a la tormenta decido bajar al valle de Añisclo por la Fon Blanca para subir posteriormente al collado de Añisclo en vez de pasar por el complicado y aéreo paso que hay por debajo del pico de las olas. Subiendo al collado empiezo a notar de nuevo las molestias del músculo y la bajada desde el collado hasta el valle de Pineta es un calvario. Andando y cojeando llego hasta el pueblo de Bielsa que es el lugar donde decido parar para intentar recuperarme. Al día siguiente me levanto lleno de moral y de ganas, pues no noto ninguna molestia y tras correr de Bielsa hasta el lago de Ordiceto durante dos horas y media y 1.100 m. de ascenso junto a los 13 Km. De subida empieza otra vez el terrible dolor muscular, por lo cual consigo llegar al refugio de Viadós en muy mal estado. De esta forma decido abandonar mi proyecto de encadenar en trece días seguidos la transpirenaica. Pero muy animado en poderlo realizar otro año. De todas maneras tengo la idea, de momento y a falta de vacaciones, de realizar las 7 etapas que me quedan aprovechando fines de semana, lo cual no será la idea que tenia en un principio “cruzar el Pirineo en 13 días”, sino de realizarla en 13 etapas.
Un mes más tarde, el día 20 de septiembre y acercándome al refugio de Viadós, quiero realizar otra etapa, que sería la séptima, siendo del refugio de Viadós al pueblo catalán de Viella.
Hay que decir que en un mes no he entrenado ni un solo día, por lo que tengo el temor de no responder como quería en esta larga etapa. Las sensaciones son distintas, pues aunque la primera parte del recorrido la hago muy descansado, la segunda parte, desde el camping Aneto en Benasque hasta Viella, la hago con un fuerte, pero llevadero, dolor de rodilla.
Saliendo del refugio de Viadós a las ocho de la mañana, me dirijo hacia el puerto de Gistaín. Aquí contemplo una gran cantidad de rebecos o sarrios. El día ha salido muy soleado y con tranquilidad desciendo por el valle de Estós hasta el puente de San Jaime de Benasque. De aquí, bien alimentado y descansando una hora, me dirijo a los llanos del Hospital por la pista sin coger la carretera, la cual se hace muy pesada por su largura. Desde el Hospital empiezo el ascenso en zigzag al puerto de la picada contemplando las espesas y negras nubes de tormenta que rodean el pico Aneto. De aquí, desciendo hacia el Plá de Artiga, ya en el Pirineo Catalán, y con una pista que luego se convierte en carretera estrecha de montaña, consigo llegar a Viella sobre las 18,30 de la tarde aproximadamente.
Esta etapa ha comprendido una distancia total de 52 Km. Con un desnivel total acumulado de 5.325 m. Siendo el tiempo de carrera de unas 8 horas y 45 minutos.
Hasta aquí, desde que salí de Irún, como curiosidad decir que hay un desnivel acumulado de 32.417 m.
Así, de esta forma animo a los lectores, corredores y amantes de la montaña para realizar etapas de este tipo, dándome cuenta de que el día puede cundir mucho y además es posible correr a una marcha ni lenta ni fuerte durante 9 horas, teniendo una buena dosis de moral. También es muy importante conocerse bien el terreno o por lo menos estar muy bien informados sobre él.

2 comentarios:

Martin dijo...

Algún año me gustaría hacer la travesía corriendo. ¿Sería posible hacerla todo por el GR11 o es mejor cambiar ?

Jesus Sanchez "Samuel" dijo...

Hola Martin, mi idea era hacerlo lo mas recto posible, para ello hay que conocer bien los caminos si los hay y las orientaciones, si no conoces el terreno puedes tener sorpresa, la gr 11 esta toda escrita y puedes orientarte bien con las guias. De todas maneras La aventura es la aventura. Yo prefiero pasar por sitios que no conozco.