Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Tomamos la pista, un cartel envía por la calzada Romana, nosotros cogemos la que sale en subida hacía el oeste, sin cartel, y que nos llevará hasta la cuesta, llamada por los que la conocemos de ir en BTT, la revientachulos. La pista está bastante bien, algún pequeño tramo labrado por los tractores, nos salimos a los campos, y sin problemas. Vamos corriendo todo, pero en la revientachulos comenzamos a andar, tiene unos fuertes desniveles, y esta con mucha gravilla. Me acuerdo de las subidas en bici, desde Huesca, cuando se quiere intentar, suelo venir despacio para reservar todas las fuerzas. Aun así, unas veces se puede subir y otras hechas pie a tierra. Luego viene el circo, intentas subirte, pero no puedes, es prácticamente imposible, la rueda de atrás patina, y otra vez al suelo, lo intentas varias veces, al final desistes, el agotamiento te ha vencido. Yo he visto a alguno apajarado, medio vomitando por intentar subirla montado. La mirada hacía atrás es preciosa, se ven las luces de Huesca, y pueblos de alrededor, hemos ganado algo de altura, pues la pista va subiendo poco a poco ya desde Huesca. Tenemos una buena noche, pero sin luna. La luna esta creciendo, solamente esta a un 7% (Tras la luna nueva, la parte iluminada va creciendo a lo largo de otros 14 días, hasta que se alcanza de nuevo la luna llena. La luna creciente representa la luz, el crecimiento y la regeneración. A medida que la luna crece también lo hacen los organismos. En sus comienzos esta luna da más energía y predisposición a actuar, también hay mayor receptividad). Durará poco, enseguida se esconderá como en si fuera el juego infantil del escondite, pero para no volver a salir. El cielo está completamente estrellado, nos encanta mirarlo de vez en cuando. Lejos de las luces de la ciudad, el cielo estrellado es un bello espectáculo. Las noches despejadas de luna nueva son las mejores para observar el cielo estrellado. Hoy está completamente despejado, y la luna nueva a finalizado pero estamos
en el inicio de la luna creciente. Por cierto, símbolo del Islam. Tras finalizar la subida, llegamos a una carretera ancha y buena, pero sin circulación. Es la que lleva al nuevo pantano de Montearagón. La seguimos quinientos metros hacia el norte, para cruzarnos con la que lleva de Huesca a la localidad de Fornillos. La cruzamos y cogemos la pista que por el “saso” nos llevará ya completamente por llano hasta la carretera de Huesca a Apies. En este saso la vegetación arbórea es de pino de repoblación y carrascas. Tras llegar a la carretera de Apies, la seguimos durante unos doscientos metros, y nos metemos por una pista que sale al lado de una granja hacía el oeste, y luego en una bifurcación nos vamos hacía el norte. Ya en bajada, se llega a la localidad de Apies (situado sobre una colina, a 640 metros de altura, con una cruz de término del s. XVIII al inicio de la bajada al pueblo). Nos paramos en la plaza de la Iglesia (Es iglesia de nave única destacando de ella enseguida la portada, de seis arquivoltas apeadas en capiteles con motivos geométricos y con un curioso efecto proporcionado por sus dovelas almohadilladas. La más exterior de las arquivoltas tiene forma de zig-zag. También le confiere personalidad los modernos contrafuertes, grandes y rematados a dos aguas en la zona absidal. Está dedicada a San Félix) a tomar una barrita energética y beber algo de agua. Está adornada con un bonito jardín con flores. Apies tiene unos 80 habitantes censados. Pero esta noche no vemos a ninguno, son alrededor de la doce, y la gente debe de estar encerrada en sus casas. Tampoco vemos ningún perro. Soledad absoluta, en el único pueblo habitado de los que vamos a pasar. Por lo menos tiene luces. De aquí en adelante y hasta la zona de la Guarguera, la luz artificial la pondremos nosotros, la natural, las estrellas.
Ya ha pasado la medianoche
y no hay lobos por el horizonte
solamente la oscuridad
rota por el cielo estrellado
y la luz artificial de nuestros frontales
De Apies continuamos por una pista que sale al norte, entre la fuente y el lavadero, recientemente arreglada, hasta llegar a las ruinas del pueblo de Lienas, tras pasar por una fuente a la que no hacemos caso. Tras ver sus muros caídos al final del pueblo seguimos por un camino antiguo entre muros, dejando todas las pistas que aparecen. El firme de este camino está lleno de piedras sueltas por lo que hay que correr con mucho cuidado para no dañar los tobillos. Tomamos un pequeño tramo de pista hasta una ermita, tras pasar por su lado seguimos la pista que ya se adentra en la Sierra, gira al norte, y ya va bordeando los barrancos para no perder altura. A veces es senda y otras es pista, la vegetación empieza a invadir la pista. El barranco que cruza lleva bastante agua, normalmente son barrancos secos, pero este año ha llovido y nevado mucho por lo que baja mucha agua. A lo largo de toda la noche nos irán acompañando los sonidos del agua de los barrancos y de los ríos. Al finalizar la pista se llega a unos campos de cultivos con una mansión tipo “Dallas”, vallada. Seguimos bordeando hacia el norte los campos de cultivo, unos son de trigo y otros de soja y así llegamos a una caseta de campo en
ruinas. Desde aquí van a comenzar las dificultades, pues vamos a tener que salirnos un rato de los campos por una senda algo vestida, en otro tiempo fue senda, en la actualidad “no”. Me he puesto el frontal de Chus, sus 800 lúmenes nos permitirán ver mas distancia. Este tramo está después de bordear el campo, al final, cuando ya hay que bajar a otro campo. Tomamos una senda completamente vestida, pero se puede pasar entre la vegetación, el frontal nos da profundidad de campo, y yo la hice hace dos días. Antes habíamos tomado una que no llevaba a ningún sitio, por lo que volvimos atrás, pues la buena sale un poco antes. Si no se ha hecho de día es imposible tomarla. Tras pasar entre la vegetación llegamos al último campo. Hay dos opciones, la larga es bordearlo hasta coger la senda al Salto de Roldan, la otra opción es ir por medio de los campos. Como la hice hace dos días, tomamos la segunda opción. Error. Seguimos una rodada, y al poco tiempo estamos en medio de una campo, la nada. Si seguimos iremos directamente al río Flumen, por lo que cambiamos de dirección hacia el norte. Tenemos suerte, enseguida llegamos al borde del campo, y ya me acuerdo que pasé por aquí. Al fondo sale el camino. ¡Salvados! La verdad que meterte en medio de un campo inmenso de noche, sin brújula, y sin referencias es difícil orientarse. Esta ha sido la segunda vez que tenemos nuestras dudas pero que las hemos solventado en un momento. Una vez en la senda, que sube al Salto Roldan, lo próximo es no salirse de la senda por muy vestida que esté. Y es lo que hacemos. Senda muy vestida, que por el día tiene unas vistas impresionantes de la cara Sur del Salto de Roldán y del río Flumen, con su cañón de las Palomeras, y sus meandros inmensos. Cruza un barranco ya con fuertes cortados y mucho agua, las cascadas se oyen rugir. Y tras el viene la cresta que va entre este barranco y el de las Palomeras del Flumen hasta llegar a la base de la Peña San Miguel. Todo muy vestido, pero subimos concentrados para no perdernos. Y llegamos a la base misma sin ningún problema. Hacía dos días había estado limpiando algo la senda. No se nota nada. El ruido del cañón de las Palomeras sobrecoge. Baja más agua que nunca. Tras llegar a la base de la pared y enfocar con el frontal para verla, seguimos en dirección oeste y en subida hasta llegar a la carretera. Contentos de no habernos embarcado. Esta subida merece la pena hacerla por el día para ver un paisaje de ensueño. Tras llegar a la carretera la seguimos hacia el este, collado de San Miguel, y ya tomamos la pista que va al Pantano de Belsué. Paramos un momento a comer al lado de un refugio pastoril, bocadillo de carne membrillo, plátano y gel. Saioa toma sus frutos secos y plátano. Comienza a hacer frío, me pongo algo de ropa. Todavía me quedará el chubasquero para cuando siga bajando la temperatura.
Parece ser que Roldán se encontraba en huída de Saraqusta, cuya conquista había fracasado, cabalgando raudo hacia su Francia natal. La persecución estaba siendo ardua y agotadora, y el noble galo se veía amenazado por varios flancos. El acoso provocó que el caballero buscara una salida ascendiendo por la peña de Amán, que termina en un cortado cuya foz recorre el río Flumen. Roldán tiró con fuerza de las riendas, deteniendo el corcel justo al borde del precipicio. Los perseguidores, seguros de haber dado caza a su presa, hicieron cabriolas con sus caballos y dieron mandobles al aire antes de acercarse al héroe francés. Éste, para sorpresa de aquellos que le acorralaban, picó las espuelas y se lanzó al vacío. Ante los ojos de sus perseguidores, el corcel dio un salto tan prodigioso que, en lugar de precipitarse al fondo del cortado, consiguió llegar al otro extremo, estampando sus huellas, todavía visibles según algunos, sobre la peña de San Miguel.

que nos ponemos el chubasquero. Cruzamos una pista y subimos durante 10 minutos. Aquí comienza la bajada a la Guarguera. Al salir de Ibirque no hemos cruzado con un árbol seco y podrido, podría ser un nogal, pero no me fijé bien.
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

derecha la seguí el otro día durante un rato y ví una marca de GR en cruz, eso indica que por allí no va la GR. Tras otro tramo de pista bastante largo, y en el que en las subidas fuertes andamos llegamos al cartel indicador de recorridos (Abenilla, Castiello de Guarga, Sandias y Ceresola, Yebra de Basa), bastantes flechas en diferentes direcciones. Aquí paramos a tomar el último tentempié completo (bocadillo y gel, plátano ya no nos queda) antes de llegar a Osan. Ya prácticamente es todo bajada hasta el puente del río Basa tras pasar Allue.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Estamos contentos de haber finalizado bien esta pequeña aventura. Cansados pero hemos llevado un buen ritmo que nos permite hacer la carrera. Nos la vamos a tomar de relax, saliendo a la cola del pelotón. Para finalizar Samuel nos entregó un detalle sorpresa de “Finisher”. Made in Teresa.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
Por Javier Sanagustin.
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